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viernes, 18 de enero de 2019

Errejones, Carmenas y votantes cabreados

¿Errejón y Carmena?
Ya está. Es el fin de Podemos. Se ha acabado el ciclo del 15-M, lo que queda de Podemos se fusionará con IU y obtendrá resultados similares, Errejón y Llamazares se integrarán en el PSOE, todo el mundo votará a VOX, caerá fuego del cielo, los océanos se abrirán, surgirán de ellos los titanes, bajarán los dioses desde el Valhalla a combatirlos y... Bueno, no, creo que todo eso ya no.

Exceptuando las chorradas finales, todas las demás afirmaciones las he leído en las redes a lo largo de los días de ayer y de hoy. Todo eso acompañado de chistes sobre piolets (forzando paralelismos de la dupla Iglesias-Errejón con Stalin-Trotsky) y de la nueva "predicción de los Simpson" por medio de la imagen de Milhouse con su abuela italiana (la cual acompaña al artículo). Resulta que todo se resume en que Errejón y Pablo estaban en guerra interna y, como Íñigo la había perdido, ha decidido cambiar de bando, y el mismo Echenique ha opinado que debería dimitir del partido, pero a la vez ha soltado el chascarrillo de que entonces "de qué iba a vivir hasta mayo". Desde el pablismo se afirma que está "fuera de Podemos", y parece que los "supporters" del trifachito andaluz ya se frotan las manos pensando en exportar su frente patriótico anti-progresismo a las elecciones generales.

Como siempre, opiniones hay para dar y vender, pero la mayoritaria parece lamentarse o burlarse de la "puñalada a traición" de Errejón, y ahora todos los hipotéticos futuros fracasos de la izquierda serán solo culpa suya (antes todo era culpa de Cataluña). Pero una vez que las carcajadas y el cabreo se han evaporado, reflexionemos. ¿Qué comporta esta situación? No olvidemos que Carmena estaba impulsando Más Madrid a partir de sus marcadas diferencias con la dirección de Podemos. Ya parecía que se acababa el mundo cuando Rita Maestre y otros cinco concelajes más "carmenistas" fueron expulsados de Podemos. Así mismo, a Carmena se la identifica tradicionalmente con posiciones más moderadas, socialdemocracia reformista, posición con la que curiosamente también se suele identificar a Errejón. Pero dejando de lado todos estos detalles, hay una curiosa tendencia en toda la compleja constelación que forma Unidos Podemos: en general, las candidaturas "autóctonas" han sido mucho más exitosas que el partido matriz.

No estoy diciendo que Podemos fuera un fracaso, pese a que la mayoría de marisabidill@s así lo afirman (generalmente junto con un cuñadesco "yo ya lo decía desde el principio"). Llegar como partido nuevo y convertirse en muy poco tiempo en una de las principales fuerzas políticas, rompiendo el bipartidismo de la noche a la mañana, es un rotundo éxito, pero se le pusieron espectativas excesivas (y, curiosamente, VOX con resultados peores se los considera un gran éxito). Claro, que dichas espectativas de victoria ya eran utilizadas como propaganda y pompa por el propio partido, el famoso "asaltar los cielos" que repetía el mismo Iglesias, con intención de que fueran percibidos claramente como candidatura ganadora y que dicha percepción fuera determinante para cazar votos indecisos. Pero en pocos sitios han logrado "ganar", pese a mucho trabajo y esfuerzos (e innumerables escisiones). Sin embargo, las candidaturas de los "ayuntamientos del cambio" en muchos casos lograron conquistar el poder a la primera. Ahí están Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Corunha, Cádiz... Y además, tenemos el caso de En Comú Podem en Catalunya, que fue primera fuerza en las dos vueltas de las elecciones generales, siendo Barcelona y Tarragona las únicas provincias que aparecían pintadas de morado en el mapa electoral. En general, todas estas candidaturas "de proximidad" no salieron como una seta en el bosque, sino que fueron el resultado de todo un conjunto de luchas municipalistas que venían de muchos años atrás. Ahí está el secreto de su triunfo. Sin embargo, el gran pacto "desde arriba" de Podemos + IU no resultó tan exitoso como se esperaba, pese a que en el resultado electoral corrieron muchas sospechas de tongo. Y todo el mundo se pregunta por qué, y cada cual da su teoría, acorde a su opinión (como no, porque como digo siempre, éstas son como las posaderas, no hay quien no tenga). Los "yo creo que..." de toda la vida. Pero para valorar por qué antes todo el mundo iba a votar a Podemos y ahora todo el mundo augura su final, podríamos establecer paralelismos con la nueva candidatura de moda, VOX.

¿Qué tienen en común VOX y Podemos? Ambos aparecieron de forma inesperada, en elecciones que no eran generales (en las europeas los morados y en las andaluzas los neofachitos), y ambos ocuparon la práctica totalidad de los medios de comunicación durante los meses posteriores. Y a ambos les cayeron críticas por doquier, con intención de desprestigiarlos, aunque en el caso de VOX precisamente éstos viven del desprestigio... y puede que Podemos también se beneficiara de éste. Porque, ¿quiénes votan ahora a VOX? Como dijo el mismo Errejón, no hay 400.000 fascistas en andalucía de la noche a la mañana, y los estudios de estadística que muestran que el simpatizante de VOX es mayoritariamente hombre, mayor de 45 años y de ingresos medios, tampoco nos dan una radiografía exacta, porque gente con ese perfil la hay de muy variada ideología. Hablando con gente de Andalucía que ha votado a VOX, en muchos casos se percibe que ha obedecido a un voto de castigo, un "que se jodan", un alivio después de quedarse agusto, como quien suelta un taco bien gordo. En resumen, un votante cabreado, que desde el inicio de la crisis de 2008 perdió un nivel de vida que ya no volvió, que estaba harto de corrupción y enchufismo durante más de 30 años en la Junta de Andalucía, que no ha entendido (o no ha querido entender) nada de lo ocurrido en Catalunya y ha percibido al gobierno estatal como "demasiado blando", y que cree que la inmigración está fuera de control y puede convertirse en un problema muy grave. Cierto, ese votante cabreado comete importantes errores de juicio, ya que está muy desinformado, pero eso es inevitable. El caso es que VOX es el reclamo de los "votantes cabreados", que votan con ganas, con visceralidad, y contándoselo a todo el mundo. Pero allá por el 2015, quien capitalizaba el voto más indignado (y nunca mejor dicho) era Podemos.

Porque Iglesias ha dejado de ser el profesor universitario de Vallecas siempre enfadado que iba a llevar a las masas cabreadas a echar a la casta de las instituciones, y ahora es el líder ególatra y caudillista que vive en un casoplón de la Sierra. Cometió un gravísimo error moderando su lenguaje, alabando a Zapatero y declarando su candidatura como socialdemócrata (que, la verdad sea dicha, lo es). Pretendía ganar votos por medio de un discurso más suave que no asustara, y resulta que los perdió. Los que se ilusionaron con Podemos querían asaltar los cielos, estaban indignados y estaban reconduciendo su furia de forma positiva hacia la ilusión de un cambio. Y se les desilusionó priorizando el tacticismo. Ya de entrada desilusionaron con la decisión de no acudir a las municipales de 2015 con su propia marca. Sí, teóricamente era una medida de prudencia, de no correr demasiado e intentar hacer las cosas bien sin precipitarse, pero la gente indignada se moría de ganas de asaltar los ayuntamientos, quería lograrlo, lo necesitaba, y por eso confió en las candidaturas municipalistas, que en muchos casos acabaron recibiendo el apoyo del propio Podemos.

Es posible que el señor Errejón en realidad sea mucho más listo de lo que algunos se creen, y se haya dado cuenta de que Podemos como marca ya está amortizado y no genera la suficiente ilusión, y habiendo perdido al "votante cabreado", dar un giro hacia una candidatura "autóctona" de Madrid podría ser una apuesta por el caballo ganador en vez de intentar impulsar al que ya a todas luces se ve perdedor. Con su maniobra es muy probable que finalmente sea Podemos quien tenga que situarse en una posición subalterna respecto a Más Madrid, como ya tuvo que hacer en Catalunya respecto a En Comú. Porque cuando ha sido el Podemos "central" quien se impuso sobre candidaturas autóctonas, el resultado no fue bueno, pero cuando fue al contrario hubo resultados más que aceptables.

¿Podría todo esto significar una "deconstrucción" de Podemos como partido monocolor con sucursales, al estilo tradicional, y su definitiva reconversión en una gran alianza de candidaturas, como parece ser la tendencia con la coalición Unidos Podemos? Es posible. Y ésta nueva combinación, abierta a nuevas incorporaciones y cooperaciones de partidos y organizaciones, podría frenar la sangría de la izquierda al sur de los pirineos. Porque tanto en Francia como en Italia hemos visto cómo la socialdemocracia ha muerto, y resulta muy difícil ocupar su lugar. Pero ya se sabe, la izquierda es variopinta y las pugnas entre facciones son su más pura esencia, pero paralelamente a todo el circo mediático de los partidos grandes, durante toda la década del 2010 se ha luchado a nivel municipal por el cambio. Ya han habido ciertas conquistas y es posible que aún haya muchas por llegar. Como decimos los corunheses, "xa veremos"...

ECG.


lunes, 14 de enero de 2019

¿Los hombres feministas follan mejor?



Ciertamente, hacía días que Pablo Iglesias no hacía de las suyas. Provocar a la prensa amarilla parece ser una de sus especialidades, y era de esperar que, tan pronto como citó dicha frase en una entrevista con con el psicoanalista y escritor Jorge Alemán, toda la parroquia trumpista ibérica se apresuró a denunciar lo escandaloso de ese comentario y a fabricar fake news como si no hubiera un mañana. Creo que es más que evidente que Pablo citó dicha frase siendo totalmente consciente que iba a provocar revuelo, y que iba a dar de qué hablar. Una maniobra comprensible, el querer llamar la atención en las horas más bajas de Podemos y del conjunto de UP en general, que han perdido gran parte del foco mediático del que han gozado en los últimos años. Pero haciendo un ejercicio de dejar de mirar al dedo y fijarse bien en la luna, aborda un tema muy interesante, del que debería hablarse más: el feminismo no es solo cosa de mujeres, sino también de hombres. El patriarcado como tal afecta tanto a mujeres como a hombres, pero pese a ser éstos últimos los "privilegiados" en este tipo de sociedad, lo cierto es que son unos privilegios que en realidad implican una espiral de dependencia que es, irónicamente, poco masculina.

Porque un hombre machista, en realidad, es un hombre dependiente, que necesita una mujer para vivir, pero no considerándola una persona igual a él, sino un "objeto" de su propiedad. Un hombre feminista, en cambio, es un hombre libre, un ser verdaderamente independiente, completo, que elije compartir su vida con otra persona independiente. Un hombre machista es un ser dependiente, un ser incompleto que necesita de una mujer para completarse, y aquí surge la concepción tradicionalista que contempla a la familia como unidad social, y no al individuo en sí. Es una visión esgrimida por asociaciones y partidos de derecha y ultraderecha, como hazte oír o VOX, que se oponen a lo que ellos llaman la "ideología de género" para defender la familia tradicional como unidad básica de la sociedad.

Es evidente que no es nada nuevo, usar la concepción de "familia" como forma de oponerse a los avances de derechos. De hecho, durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX, quienes se oponían al sufragio femenino uno de los principales argumentos que usaban era precisamente que el hecho de que las mujeres votaran dividiría a las familias. Así, en esa concepción social tradicional en que la familia es la unidad básica, el hombre es el cabeza de familia, y, por tanto, el portavoz de ésta, y dar el voto a la mujer significaría que la opinión de la familia no sería solo una, y ésta quedaría fragmentada. No sé si será casual que quienes tienen pánico a que la familia tradicional se rompa también suelen tener miedo a que España se rompa... ¿Será que en el fondo todo es el mismo tipo de miedo a perder lo que se cree que siempre ha estado ahí y siempre debería estar, a algo visto como eterno y sagrado, sin ser ni haber sido nunca ni lo uno ni lo otro?

Pero las sociedades cambian, y aunque es evidente que la familia como unidad sigue existiendo y siendo básica en la sociedad, hoy día existen diversos tipos de familias. Bueno, siempre han existido familias de muchos tipos, pero en los últimos años han surgido nuevos modelos que desafían el modelo tradicional, y éste poco a poco va dejando de ser el referente principal. Los defensores de la familia tradicional patriarcal la ven como un equilibrio perfecto, en que las tareas están divididas según los roles de género, y curiosamente, hace un par de años, García Albiol (del PP de Cataluña) dijo sin tapujos que en su casa su mujer lava la ropa y él arregla la tele. En esa casa deben tener un televisor que se avería prácticamente a diario, si García Albiol cree que está al mismo nivel de trabajo arreglar esporádicamente la tele que hacer la colada. Bueno, o eso, o son una familia que lava la ropa con muy poca frecuencia... Pero es evidente que el reparto de trabajo en los roles de la familia tradicional sobrecarga de responsabilidad a la figura de la mujer y, en cambio, sitúa prácticamente todo el poder de decisión en la figura del hombre. Los famosos "privilegios" patriarcales de los que siempre se habla, y que irritan tanto a quienes no están muy bien formados en feminismo.

Porque la irrupción de VOX y su sobreexposición en los medios ha hecho que la cuestión de la violencia de género y de derechos de la mujer haya vuelto a ser un tema central. Y no es casual. Ya lo advertía Simone de Beauvoir, que bastaría una crisis económica o política para que los derechos de la mujer volviesen a quedar en entredicho. No hace ni un siglo que empezó a abordarse la cuestión de los derechos de la mujer, y éstos siguen sin existir en gran parte del planeta. Convertir un "mundo de hombres" en un "mundo de personas" antes parecía una utopía, y quizás aún lo sea, pero la igualdad de derechos entre sexos es uno de los cambios sociales que más difíciles son de mantener, y para lograrlo, es indispensable que el feminismo deje de ser visto como una cosa de mujeres, y que pase a ser cosa también de hombres.

Pero lo que suele pasar en muchos hombres, me atrevería a decir que en la mayoría, es que existe miedo y rechazo al feminismo precisamente por miedo a perder su masculinidad. Es digno de análisis, este miedo a dejar de ser hombre, que suele llevar a posiciones machistas y homófobas como mecanismo de defensa, y da para infinidad de artículos. Pero una forma de superar esa concepción errónea, que ser feminista sea esencialmente contrario al hecho de ser un hombre (un hombre masculino al menos), es precisamente el crear una masculinidad feminista, que es de lo que hablaba el señor Iglesias en la susodicha entrevista, y pretendía ilustrarlo en la frase que da título a este artículo.

¿Y por qué un hombre feminista "folla mejor"? 

En la visión machista patriarcal, la sexualidad tiene una misión esencialmente reproductiva, y todo lo relacionado con el placer mutuo queda en segundo plano, o directamente excluido (los católicos, por ejemplo, ven como pecaminoso el placer sexual, y recomiendan evitarlo). La visión reproductiva lleva a una sexualidad "falocrática", en la que el hecho de que la mujer disfrute pasa a ser secundario, e incluso a que el hecho de que alcance el clímax sea irrelevante. No en vano, años atrás el hecho de ser eyaculador precoz era visto como un símbolo de virilidad, el "acabar rápido" era aplaudido y era signo de ser muy macho. La sexualidad machista, pues, es limitada y orientada a un disfrute incompleto, sobretodo para la mujer (por no decir ausente). En cambio, un hombre no machista deseará que su pareja también disfrute y llegue al clímax, y eso abre las puertas a una sexualidad más variada y completa, no tan falocéntrica y más abierta a prácticas diversas. De ahí a que un hombre feminista "folle mejor".

Combatir el machismo pasa por un cambio de mentalidad tanto de hombres como de mujeres, y hay muchos aspectos que es necesario abordar. Pero éste es especialmente interesante: hacer de la masculinidad feminista una virtud. Ya en los últimos años se está construyendo una masculinidad así, y cada vez son más hombres los que disfrutan de una masculinidad no machista, una masculinidad, en realidad, mucho mejor. Porque para ser un hombre no hay que ser un troglodita, o un "machirulo" como está de moda llamarles (término, por cierto, que me parece muy divertido). Ser un hombre feminista pasa por la deconstrucción del comportamiento machista, como bien abordaba un magnífico artículo de El País del año pasado sobre el tema

Por eso, hombres del mundo, no seáis trogloditas, sed feministas, y follad mejor.

ECG.

viernes, 21 de septiembre de 2018

" Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo."


Tenía yo 15 años, camino de los 16, cuando murió Camilo José Cela Trulock. Antes de dicha fecha, los recuerdos que tenía de su figura eran de todo menos positivos: maleducado, facha, ordinario, faltón... Parecía más bien una caricatura que no un escritor de gran calibre, pero ya se sabe que a la gente suelen resultarles más atractivos los detalles desagradables y escabrosos que no el talento literario. No en vano había oído relatarse a menudo la anécdota de cuando se quedó dormido en plena sesión del Senado y, al serle llamada la atención por haberse quedado dormido, respondió que eso no era cierto, no estaba dormido sino que estaba durmiendo, que tras preguntársele si no era lo mismo respondió que no, ya que tampoco era lo mismo estar jodido que estar jodiendo. Es una historia que muchos han explicado en reuniones sociales para hacerse los marisavidillos en público, pero desgraciadamente es falsa (no hay registro alguno en las actas del Senado). En medio de toda esa "leyenda negra", en parte, ganada a pulso, tuve la suerte de estar cursando en esos momentos el 4º curso de la ESO y de tener una gran profesora de lengua castellana y literatura, con mucho genio y carácter muy fuerte para su corta estatura (y además respondía al resonante nombre de Vicentina), que aprovechando la muerte del autor nos hizo estudiarlo bastante a fondo, cambiando sustancialmente nuestra imagen de él.

Me chocó bastante la figura que estudié y que descubrí a través de numerosos documentales y entrevistas. Ese hombre conservador y siempre malhumorado, sin respeto por nada, parecía ser en realidad alguien con mucho carácter, que le importaba un bledo lo que pensaran de él y que tenía muchas ganas de decir (y escribir) lo que le daba la real gana. Leímos su obra considerada más importante, "La colmena", y vimos su adaptación cinematográfica, en la que el propio escritor en persona encarnaba al curioso personaje del "inventor de palabras". Pero hubo una anécdota que se me quedó grabada por siempre en la memoria, y aun ahora a mis 32 primaveras la recuerdo nítidamente. El propio Cela en una entrevista relataba que, tras publicar su primera novela, "La familia de Pascual Duarte", decidió sentarse a esperar en una librería para ver quién era el primero en comprar su libro. Entró un señor que cogió la novela y pareció interesarle, pero que tras pensárselo un rato al final volvió a dejarla en su sitio. El individuo siguió hojeando libros, y al final decidió llevarse un ejemplar de "La guerra de las Galias", de Julio César, pero cuando se disponía a pagar el libro volvió a pasar por delante de la novela de Cela, y por lo que parece finalmente cambió de idea y decidió darle una oportunidad a la obra. El joven Cela, eufórico, siguió al hombre cuando salía de la librería con ambos libros en la mano, y le salió al paso preguntándole: "¡Perdone, caballero! ¿Quiere que le se lo firme?" Y entonces el individuo miró hacia abajo, topándose con "La guerra de las Galias", que era el que llevaba encima, y, asustado, salió corriendo.

Dada la fama de inventarse historias sobre sí mismo que se labró Cela a lo largo de su vida, ignoro si dicha anécdota ocurrió de verdad, pero ciertamenteme me parece muy divertida. No sé por qué me hizo tanta gracia ese relato, pero provocó que el nombre de la primera novela de Cela quedara siempre tatuado en mi memoria, y en ocasiones me pregunté con mucha curiosidad por qué entre todas las obras que estudiamos en literatura a lo largo de mi experiencia académica nunca nos hicieron leer esa novela.

Hace unos días paseábamos con mi pareja por el mercadillo de coleccionismo y segunda mano que suele haber en el centro de Girona en días festivos, donde pueden encontrarse juguetes viejos, tebeos, revistas antiguas, libros, películas, videojuegos, bisutería, y casi todo lo que uno pueda imaginar. Solemos frecuentarla siempre que nos es posible sobretodo en busca de DVDs de películas clásicas, difíciles de encontrar en plataformas como Netflix y HBO, pues somos muy amantes del cine clásico, aunque también aprovechamos para llevarnos algunos títulos a los que tenemos especial cariño para engrosar nuestra colección. Quiso la casualidad que me topara de repente con una edición antigua, pero en muy buen estado, de "La familia de Pascual Duarte", al más que módico precio de 1€. Me invadió la curiosidad y decidí llevármelo, pensando que apenas me duraría dos o tres sentadas de lo corto que era. Ignoraba absolutamente de qué trataba, nunca me había topado con sinopsis alguna o resumen, ni había visto ninguna adaptación cinematográfica, y todo eso alimentaba aún más mi curiosidad y mis ganas de echarle una ojeada.

Efectivamente, apenas me duró dos sentadas. Es muy rápido de leer. Y, la verdad, me quedé muy sorprendido. No es para nada lo que me esperaba encontrar. Ya de por sí el estilo narrativo, formado por diversos documentos con diversos narradores, me pareció muy original para su época, y su argumento violento, crudo y oscuro es lo último que esperaba encontrar en una novela publicada a principios de los años 40, los tiempos más duros del franquismo. Tras buscar algo de información en San Google, me he topado con profundos análisis de la obra, que la sitúan como iniciadora del llamado "tremendismo", estilo literario caracterizado precisamente por tramas crudas y personajes muy duros, a menudo pobres, marginados o incluso deformes. A quienes no sepan de qué va ni lo hayan leído recomiendo no seguir leyendo, ya que voy a comentar puntos muy concretos del libro, aunque dudo mucho que pueda considerarse como "spoiler" hablar de un libro que lleva más de 70 años publicado.

Portada del ejemplar que compré,
junto al duro cartel de la
adaptación cinematográfica
Tras consultar si existían adaptaciones cinematográficas de la obra, me topé con que sólo existe una de mediados de los 70, con un cartel extremadamente explícito donde vemos el final de la novela, anunciado igualmente desde el principio de ésta: la ejecución de Pascual Duarte en el garrote vil. También he encontrado alguna adaptación teatral, pero en general poca cosa. Vale que es un libro corto, pero precisamente es una historia de las que te deja con la sensación de que podría haber dado mucho, mucho más de sí. Muchas situaciones están relatadas muy a medias, de forma muy escueta, sin entrar en detalles. Hay un contraste muy marcado entre largas descripciones hechas por el propio narrador de sus sentimientos y de los paisajes, a menudo fusionando ambas cosas, respecto a los apresurados diálogos, conformados por muy pocas palabras y en vocabulario bastante acorde al nivel cultural de los personajes, que es el de la Extremadura rural más pobre. Creo que se le podrían haber dado muchas más oportunidades a las aventuras y desventuras del campesino, un hombre con pocas habilidades sociales que más pronto que tarde recurre a la violencia (y al cuchillo) para solucionar cualquier aprieto que se le pone por delante. Un hombre que encadena desgracias una detrás de otra, y que en los breves episodios de felicidad que vive estás continuamente preguntándote cuánto tardará en pasarle otra desgracia peor que las anteriores.

Las principales dudas que me vienen a la mente tras la lectura son: ¿en serio el franquismo permitió publicar una novela así? ¿De verdad que la censura de la época se mantuvo indiferente ante descripciones muy explícitas de acuchillamientos y pezones arrancados con los dientes? ¿Y en serio que el señor Cela era tan de derechas y conservador como él mismo presumía de ser, pero luego publicaba novelas con tan profunda crítica social y denuncia a la miseria, como ésta o "La colmena"? Definitivamente, el mundo de la literatura es una caja de sorpresas. Me he llevado un muy buen sabor de boca de esta obra tan desgarrada y dura. Me ha recordado a las novelas negras inglesas y americanas de esa misma época a las que he sido siempre muy aficionado (de hecho tengo una importante colección de novela negra en mis estantes, teniendo especial predilección por Patricia Highsmith). Retratos realistas de una sociedad cruel, personajes que no tienen elección y que son vistos como malvados sin habernos parado a intentar comprender sus razones. Pascual Duarte es un hombre a quien la vida trata mal, y cuya existencia acaba de la peor manera. Podría decirse que finalmente recibe su castigo (cosa que no le solía pasar a los personajes de Highsmith), pero su relato en primera persona de los hechos pretende ser una especie de justificación, una penitencia. El lector llega a conectar con él, a entender su odio y su ira, descritos con todo lujo de detalles.

Puede sonar redundante recomendar grandes clásicos, pues precisamente su categoría de clásicos habla por sí misma, pero en este caso lo recomiendo porque rompe muchos esquemas mentales que, al menos yo, tenía construídos desde siempre. Aunque debo reconocer que nunca pude sentir antipatía hacia don Camilo, pese a sus muchos defectos y a su mala leche. Quizá el hecho de haber nacido yo corunhés tenga algún tipo de influencia en ello. Que por cierto, algunas expresiones de su obra me han parecido galegadas, aunque ingoro si en realidad se trata de expresiones muy castellanas de la época que han permanecido en la lengua galega, como por ejemplo "por mor" para decir "a causa de, causado por". No lo sé. Lo que sí sé es que en cuanto tenga ocasión revisitaré alguna otra obra relativamente olvidada del genio de Iria Flavia. Que, por cierto, cosas del destino (en el cual no creo), recientemente atendí en el trabajo a una clienta que respondía precisamente al nombre de Iria Flavia, así tal cual suena, la cual se mostró muy sorprendida de que supiera que su nombre era el mismo que el del pueblo que vio nacer a Cela.

Pero antes, como nos pasa a muchos,  tengo otras muchas cosas pendientes de leer. Y ayer precisamente un buen amigo me obsequió con su propio libro recientemente publicado, del cual también escribiré una valoración. Palabrita del niño Jezú.


ECG.

jueves, 13 de septiembre de 2018

¿Por qué Catalunya sigue sin querer ser España?





Han pasado ni más ni menos que cinco años desde que escribí "¿Por qué Catalunya ya no quiere ser España?". Un escrito lleno de faltas de ortografía, y dedicado especialmente a toda la horda de trolls internáuticos que por aquellos tiempos me amargaban la existencia, que inexplicablemente es mi artículo más leído. Que a tanta gente le guste leer artículos tan malos como los que yo escribo, habiendo autores maravillosos de los que disfrutar, escapa a mi entendimiento, pero no puedo hacer otra cosa que ser agradecido. Así que seguiré el consejo de Rosendo, y doy mis más sinceras gracias al público lector ofreciendo una "segunda parte" del susodicho artículo.

Lo cierto es que el 2013 fue mi época más prolífica, y también en la que estaba más movilizado. Tenía muchos sueños y esperanzas, y ahora me miro esa época con perspectiva y nostalgia, viendo lo poco que ha cambiado todo y lo mucho que he cambiado yo, así como mi forma de ver las cosas. Al menos, ahora escribo menos, pero creo que un poquito mejor (cosa que tampoco es que tenga mucho mérito).

Pues sí, señoras y señores. Catalunya sigue sin querer ser España... pero no ha logrado dejar de serlo. ¿Y por qué no lo ha logrado? Bueno, cierto es que el estado español ha sacado su mala leche a pasear, y, sin importarle convertirse en una segunda Turquía, envió gorilas a apalear ancianitas en un barco de los Looney Tunes; metió en la cárcel a políticos y activistas que, un año después, aún esperan juicio; persiguió por toda Europa con intentos fallidos de órdenes de extradición a políticos autoproclamados como "exiliados", quedando en un ridículo absolutamente espantoso, y otras muchas medidas harto conocidas. Sí, todo eso es muy cierto. La corrupción carcome al estado español, especialmente al PP, las excusas vuelan y las revelaciones de másteres y otros estudios fraudulentos convierten las susodichas excusas en entelequias que superan todo lindar máximo del ridículo y pasan ya directamente al patetismo y al esperpento. El régimen del 78 tiene su prestigio por los suelos, ha mostrado su peor cara, y es perfectamente consciente de ello. No es casualidad, entonces, que se haya producido una catarsis y haya triunfado una moción de censura que ha llevado a un traspase dinástico de poder, que aunque no ha solucionado absolutamente nada (y dudo mucho que nadie con un mínimo sentido crítico esperara que dicho cambio fuera remedio ninguno), al menos ha logrado abrir algunas puertas de diálogo. Pero pese a todo ello, dejando de lado la desmedida y absurda represión del estado español, ¿por qué Catalunya no ha logrado aún la independencia, pese a haber demostrado desearla?

Bueno, han corrido auténticos océanos de tinta sobre el tema. Los opinadores profesionales de todos los bandos se han esmerado en crear relatos para todos los gustos, así que tenemos una gran variedad de productos listos para ser consumidos por todos aquellos que quieran reafirmar sus ya perfectamente asentados prejuicios. Hay quienes creen que todo sigue formando parte de una especie de plan maestro, de una argucia, que todo es una partida de ajedrez y que todavía hay sorpresas por ver, que suelen ser los mismos que no quieren la independencia necesariamente porque quieran cambiar la sociedad, sino principalmente porque creen que los catalanes somos mejores que los españoles y tenemos que ser una nación-estado europea simplemente porque nos lo merecemos, así que es cuestión de tiempo que en Europa y el resto del mundo se den cuenta. Por otra parte, hay quienes creen que todo es fruto de unos cuantos manipuladores que tienen encerradas las mentes de parte de la sociedad catalana en una especie de "Gran Hermano", que muchos catalanes y catalanas han perdido el juicio, así que necesitan fuertes dosis de españolidad y férrea disciplina ibérica para recuperar la cordura y olvidarse de tonterías. Hay teorías conspiratorias y planes malignos para todos los gustos, y siempre creen unos que los otros están manipulados y son idiotas, que no han visto la luz. Pero yo debo de ser de los pocos que afirman que nadie es idiota, que la verdad existe, y que las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene, pero que más allá de las opiniones hay unos hechos objetivos que uno puede ver, si hace el esfuerzo. Pero claro, hay que salir del bosque para poder ver los árboles, y cuesta mucho juzgar los hechos cuando uno está formando parte de ellos.

Permitidme que yo os muestre lo que yo tengo y todo el resto del mundo también, mi opinión (mi culo no, por el momento, prefiero no dar más espectáculos desagradables de los necesarios). Más allá de toda la artillería propagandística que nos rodea, los hechos acaecidos en el último año creo que evidencian una cosa: que el pueblo catalán claramente quiere decidir su futuro, quiere poder decidir ser independiente o no serlo, y así quedó demostrado el 1 de octubre, pero la clase política catalana no. El "procés" ha sido un gran farol, tal y como ha sido reconocido por sus propios impulsores, pura propaganda que sólo pretendía ser usada para mantener a los políticos de la Generalitat en el poder sin sufrir el desgaste de los casos de corrupción y de las medidas austericidas. Ha quedado muy claro y se han dado pruebas de sobras de ello, de ahí que la represión desmedida del juez Llarena y demás personajes siniestros carezca de sentido alguno. Todo era simbólico, así que no había ningún delito, y así lo han entendido en Europa, y así lo ha entendido cualquiera con un mínimo de sentido común. Los "trolls" procesistas siguen a su rollo, buscando traidores, acosando a ERC, y lanzando a los cuatro vientos durísimos juicios gratuitos contra los que ellos ven como "equidistantes" (que vienen a ser los que están en contra del régimen del 78 y de su represión, pero a la vez no se tragan el relato procesista ni quieren participar en su liturgia), pero no deben preocupar a nadie. En realidad son inofensivos. El verdadero problema son los trolls del otro bando, la ultraderecha española garrula y latente, que Pablo Iglesias cree que ha sido despertada, cuando en realidad nunca se había ido a dormir.

A menudo comento que me da miedo que podamos acabar como Irlanda, y la respuesta que suelo recibir son gestos de escepticismo y respuestas del estilo "la gente aquí es demasiado burguesa y acomodada como para coger las armas como en Irlanda", pero me entienden mal. No le tengo miedo a los trolls procesistas, su universo se circunscribe a las redes sociales, y en el fondo son como un grupo de autoayuda que se dan likes entre ellos y comparten sus sueños, así como su asco hacia los herejes equidistantes. Me dan miedo los ultraderechistas españolitos. Porque España sigue sin ser una nación, nunca se ha consolidado como tal, y ahora cada vez más está demostrando que necesita recurrir a la fuerza para mantenerse unida, pues no logra seducir.

Los fachillas que campan estos últimos meses a sus anchas intentando hacer desaparecer todo aquello que sea de color amarillo, arrancando lazos o llamando a boikots contra Font Vella, están mostrando una agresividad que va en aumento. No hay mobilización suya ni manifestación que no acabe con conflictos y/o con heridos, mientras que la concurrida diada de Barcelona del martes ha acabado sin incidentes. Están rabiosos porque no saben cómo enamorar, no encuentran recursos para hacerlo, y como no saben atraer prefieren intentar dominar por la fuerza. Sus niveles de incultura son altísimos, porque enamorar a Catalunya en realidad sería muy fácil. De hecho, Catalunya ya querría ser enamorada. Catalunya está más que dispuesta a construir algo diferente al régimen del 78, ya carrinclón e intentando mantener viva una monarquía obsoleta invitando a gritar "¡viva el rey!"

Por poner un ejemplo, hace unos meses pasó cerca de mi casa una manifestación de españolitos, todos envueltos con banderas rojigualdas. Muchos eran familias, pero por ahí enmedio había individuos con pinta de matones, muchos de ellos luciendo tatuajes con simbología fascista, y por ahí ondeaban no pocas banderas con el pollo. Y la manifestación estaba amenizada con música de autores como Manolo Escobar (cuya hija ha manifestado que, de estar vivo, muy probablemente sería favorable al derecho a decidir), con algunos frikis intentando realizar pases de torero, haciendo del garrulismo propio de comedias baratas una especie de virtud. ¿En serio se creen que sacando a relucir toros, olés y canciones casposas van a enamorar a alguien? ¿Por qué no hacen una manifestación invitando a Catalunya a construir una España mejor poniendo de fondo el concierto de Aranjuez, o el pasodoble "suspiros de España", en vez de horteradas de Toni Genil? ¿Por qué no invocan a Ramón y Cajal, a Machado, a Lorca o a Alberti? ¿Por qué no utilizan la España culta para enamorar? Pues sencillamente porque no la conocen. Porque quienes se hacen llamar "patriotas" españoles, que a menudo suelen ser también quienes niegan ser nacionalistas y acusan de ser nacionalistas a los otros, son españoles simplemente "por cojones". 

Si un día entendieran que es de ésa España garrula de la que se quieren independizar muchas catalanas y catalanes, que es ése el problema del "ser de España" que llevó de cabeza a muchos intelectuales de principios de siglo, y que podría construirse otra España diferente, culta, republicana, federal y orgullosa, pues el independentismo perdería toda razón de ser. Pero los hechos parecen indicar que ésta es una posiblidad muy, muy remota. Hasta entonces, muchos preferiremos, muy comprensiblemente, escapar de esa España casposa y chusquera. Sí, casi todos sabemos que el "procés" era mentira, pero muchos prefieren vivir en esa mentira, que era un sueño de democracia, antes que doblegarse ante los bastonazos del oscurantismo fachoso. Y sí, el diálogo está abierto, por mucho que pese a "hooligans" de todos los colores, porque el diálogo siempre debe ser el camino prioritario. Pero para que el diálogo fluya, primero deben cesar los porrazos. Y un primer paso muy sabio podría ser, por ejemplo, liberar a los presos políticos (o políticos presos, podemos aceptar pulpo como animal de compañía). Pero quizás le estoy pidiendo peras al olmo, como de costumbre. Todo se verá... Espero que no tengamos que esperar otros cinco años para ello.

ECG.





martes, 20 de marzo de 2018

Represión, pececitos y cadenas perpetuas

Ayer domingo pasó cerca de mi casa una manifestación bastante peculiar. Su concurrencia eran mayoritariamente familias y personas de mediana edad o superior, casi todos llevando algun objeto o prenda de color azul (como pidieron en la convocatoria de dicha manifestación). Según avanzaban, iban coreando "¡pe-ce-cito!". Era ni más ni menos que una manifestación de apoyo a Gabriel Cruz, y por lo que se comenta, el hecho de que tuviera lugar dicha manifestación en Girona, bastante lejos de Almería, se debía a la presencia de familiares de la víctima viviendo en tierras gironinas, quienes precisamente eran los organizadores de dicha manifestación.

Todo el caso de Gabriel Cruz ha dado mucho de qué hablar. Los hechos han sido escalofriantes, dignos de un capítulo de "Mentes Criminales", destapados por la "operación Nemo". Pero pese a todo, la motivación de dicha manifestación escapa a mi comprensión. ¿Por qué? El caso está cerrado, la persona culpable está identificada y a disposición del juez. ¿Por qué se realiza una manifestación de apoyo al fallecido Gabriel Cruz tan lejos de su hogar? De estar el menor desaparecido, sería totalmente lógica y comprensible una manifestación de apoyo, aquí o en Tombuctú. De desconocerse al asesino, también tendría sentido una manifestación para visibilizar la repulsa respecto a los hechos y para apremiar a que fuera identificada y detenida la persona culpable. Pero teniendo en cuenta que la asesina ha sido detenida y se haya a disposición judicial, ¿qué sentido tiene una manifestación de apoyo a la víctima precisamente en Girona? Me cuesta entenderlo.

Dejando de un lado dicha cuestión, el caso ha sido explotado de forma pornográfica por todos los medios de comunicación sensacionalistas, sobrepasando todos los límites éticos imaginables. Así mismo, las redes han hervido con mensajes de apoyo y tristeza, pero también con insultos machistas y xenófobos hacia la asesina del pequeño, que ha resultado ser mujer y dominicana. Aquí radica, a mi juicio, el problema principal del asunto: explotar la polémica y el escándalo para sacar a pasear actitudes fascistoides impunemente. Ahora el gobierno, con el apoyo de sus satélites, quiere endurecer aun más el código penal, aprovechando el momento de indignación ciudadana.

El estado español es el país europeo con la tasa de criminalidad más baja, pero con el mayor número de presos y el código penal más duro. Vivimos en los últimos años un aumento exponencial de la represión, materializado en la represión contra Cataluña y en las detenciones a raperos y otros músicos. Muchas libertades se están violando sistemáticamente, el gobierno español está quitándose la careta y mostrando su lado más fascistoide, y una parte de la ciudadanía lo aplaude sin ser consciende de que está cavando la tumba de sus propias libertades. Casos como el de Gabriel Cruz a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad le horrorizan, e incluso es natural que hierva la sangre, pero esta indignación puede embriagar los sentidos, y en plena borrachera de ira uno puede no ver lo que realmente está ocurriendo. Que haya habido un asesinato escalofriante no es motivo para dar carta blanca para endurecer el código penal. El sistema penitenciario no sirve para "vengarse" de quienes infrinjan la ley, sino para reinsertar, pero una parte muy importante de la ciudadanía española todavía vive en la ley del Talión, preferiría realizar linchamientos como los del salvaje Oeste precisamente porque no tiene una educación basada en los derechos civiles ni en los valores democráticos. Casos como éste evidencian una cultura democrática ausente, y por ello medidas represoras son bienvenidas por gente acostumbrada a ser súbditos airados en vez de ciudadanía libre.

Así mismo, que Ana Julia Quezada sea una psicópata asesina, fría y amoral como el mismísimo Tom Ripley, no da derecho a absolutamente nadie a proferir insultos machistas, racistas ni xenófobos. La cultura del insulto también se haya muy extendida, y parece que algunos aprovechan siempre la menor oportunidad para poder escupir libremente su racismo y machismo en forma de bilis. Y por si ésto fuera poco, además se aprovecha para atacar sin piedad a todo aquel que se atreva a recordar a la gran turba de insultadores que hasta la peor asesina del mundo también tiene derecho a ser juzgada como cualquier otra ciudadana. Hasta algún troll ha aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid para hacerse pasar por vocal de Podemos y defender a la encausada, con obvias intenciones de perjudicar a la formación.

A mí personalmente me preocupa cada vez más esta oleada de apoyo acrítico a la deriva fascistoide del gobierno español. Ya se le ha llamado la atención a España por casos como el de la quema de fotos del rey, y cada vez más se compara muy acertadamente al estado español con Turquía. Pero si hay un gobierno así es porque hay una parte de la ciudadanía que le da su apoyo, y eso es muy peligroso. Ahora más que nunca es cuando son necesarios valores cívicos y democráticos, no callarse ni dejarse amedrentar por los insultos y linchamientos internáuticos, ni tampoco dejarse embriagar de bajas pasiones. El asesinato ha sido una tragedia inhumana, pero la deriva autoritaria del gobierno español es un peligro mucho más alarmante del que es necesario estar muy pero que muy atentos.

ECG.

martes, 11 de abril de 2017

El caso Carme Chacón. ¿Puede haber límites en el respeto?


El fallecimiento de Carme Chacón no ha dejado a nadie indiferente, sobretodo por lo súbito e inesperado de éste. De hecho, el 8 de abril, el día antes de su fallecimiento, estuvo activa en twitter, para ser más exactos su último twitt fue una contestación a uno de los muchos chistes sin gracia que hizo Gabriel Rufián para intentar ridiculizar la asamblea de los Comuns.
Ciertamente, el chiste fue muy desafortunado, y obviamente que Rufián no tenía forma de saber que Chacón fallecería solo un día después de haberla utilizado para burlarse de otros (y de paso, burlarse también de ella). Al menos, tuvo la decencia de borrar el twitt.

La gran mayoría de personalidades vinculadas al mundo de la política dieron su más sentido pésame tanto a la familia como al entorno del PSC y el PSOE, mostrando empatía hacia una muerte tan súbita debida a motivos de salud y recordando los episodios más positivos de su labor política. De hecho, el Govern de la Generalitat decidió hoy concederle la Creu de Sant Jordi en agradecimiento a su labor, uno de los máximos reconocimientos que existen en Catalunya. Pero no todo el mundo ha hecho declaraciones tan apropiadas, y no han sido pocos quienes se han lanzado a cuchillo a recordar la obra política de Carme Chacón como ministra de vivienda y de defensa, agilizando los deshaucios exprés en pleno apogeo de la burbuja inmobiliaria y apoyando operaciones militares bastante impopulares como la de Libia. Una cosa no quita la otra, y suele decirse aquello de "no hay muerto malo", ya que al fallecer una persona suele recordarse solo lo bueno de ésta y tiende a obviarse lo malo, pero en este caso es mucho más delicado debido a lo súbito y dramático del fallecimiento de Chacón, sola en su casa debido a una cardiopatía congénita.

Aquí podríamos preguntarnos, ¿existen límites en el respeto hacia una persona? Es decir, ¿puede alguien, debido a sus actos, no merecer el respeto socialmente establecido hacia un difunto? La primera respuesta para la mayoría sería que no, que todo difunto merece siempre un respeto, básicamente por deferencia a sus allegados, pero aquí podríamos saltarnos la ley de Godwin y plantearnos la disyuntiva: si Adolf Hitler hubiese fallecido de forma súbita por causas naturales, ¿recordaríamos solo lo bueno de él y obviaríamos todos sus actos negativos, sus crímenes contra la humanidad? Aquí parece que la cuestión ya no estaría tan clara.

Que no se me malinterprete, obviamente no pretendo comparar a Carme Chacón con Adolf Hitler, y de hecho, desde la discrepancia política di mi más sentido pésame por su pérdida a la "familia socialista". Tampoco pretendo justificar que fuera legítimo celebrar la muerte de Carme Chacón, como se ha llegado a hacer estos días por parte de algunas personalidades y formaciones políticas. Hay quienes han escrito mensajes lamentando que se hubiera ido "sin pagar sus crímenes", e incluso ha llegado a decirse que en el caso de Chacón "no ha habido justicia para el pueblo". Pero me gustaría compartir algunas reflexiones sobre el tema.

Por una parte, me parece muy exagerado personalizar con tanta dureza la gestión llevada a cabo por Chacón. Pese a que he discrepado muy profundamente con ella y estoy de acuerdo en que los "deshaucios exprés" o el apoyo a determinadas intervenciones militares no pueden considerarse como menos que crímenes (pese a caber dentro de las legalidades constitucionales y demcráticas de occidente), no olvidemos tampoco que la figura de Chacón no fue la de una lideresa totalitaria que tomara esas decisiones de forma totalmente unilateral, imponiéndoselas a su gobierno. Ocupó ministerios del estado español y realizó la gestión correspondiente a la ideología de su partido respecto a éste, seguramente de haber sido otra persona la que hubiese estado al cargo de dichas carteras hubiese realizado labores muy similares. ¿A qué podría deberse entonces que se ataque con tanta virulencia concretamente la figura de Chacón? Como siempre, es posible que me equivoque, pero me da la sensación de que se debe a su propia condición personal: al hecho de haber sido mujer, socialista y catalana.

En primer lugar, no olvidemos que fue la primera mujer ministra de defensa del estado español, hecho que ya de por sí dice mucho. Hubo quien vio ésto como un símbolo feminista, de que la mujer había conquistado un terreno tan profundamente masculinizado y patriarcal como es el de la milicia, y más concretamente el ejército español, que tiene fama de ser especialmente arcaico en esos temas. Pero por otra parte, existe la percepción, también muy patriarcal, de que es especialmente vergonzoso que una mujer asuma roles de este tipo, y en cambio a un hombre se le presupone capaz de ser lo suficientemente frío como para gestionar el ámbito castrense pudiendo dormir bien por las noches tras aprobar bombardeos a áreas donde van a morir niños. Así pues, supongo que para muchas personas el hecho de ser mujer debería implicar una mayor empatía hacia el sufrimiento ajeno, y por ello les resulta más indignante que sea una mujer quien apruebe los deshaucios exprés o gestione intervenciones militares donde van a haber numerosas muertes. No puedo compartir de ninguna manera un punto de vista tan sumamente machista como es achacar de forma determinista ciertos valores a la feminidad (o a la masculinidad), pero la asunción de dicho posicionamiento podría explicar en parte la visceralidad de los citados comentarios contra Chacón.

También está el hecho de ser supuestamente de izquierda y socialista, pese a que ya sabemos que el PSOE y el PSC tienen de socialistas el nombre y poco más, y hace muchos años que abandonaron la izquierda para situarse más en el eje "social-liberal", tendencia generalizada de la socialdemocracia europea. Pero está muy extendida la concepción de la "superioridad moral de la izquierda", y en general se ve como mucho más grave que una persona que se hace llamar de izquierdas decida llevar a cabo políticas como las que se han citado, que desde dicha concepción deberían ser más propias de la "derecha" política. Hasta cierto punto, puedo compartir este punto de vista, pero igualmente no debemos olvidar que el PSOE hace mucho tiempo que ya no podemos considerarlo de izquierdas, así que no entraría dentro de dicho marco moral. De haber sido de otro partido más a la izquierda, seguramente los juicios de valor estarían más justificados.

Y por otro lado, está el hecho de ser "catalana", ya que existe una opinión generalizada tanto en la misma Cataluña como fuera de ella de que la ciudadanía catalana en general es "más civilizada", creyendo que el ejercer violaciones contra los derechos sociales y humanos incluso desde la legalidad constitucional es patrimonio exclusivo de la "españolidad". Así pues, una percepción de la "catalanidad" como necesariamente más concienciada con los derechos sociales dejaría a Chacón como una "traidora" a estos principios, y por tanto mucho más criticable. Es éste otro punto de vista que no me es posible compartir, porque aunque sí que estoy convencido de que la ciudadanía catalana posee en general una cultura política más elevada que la media de los pueblos ibéricos, esto no significa que el hecho de ser "catalán" o "catalana" te genere necesariamente una mayor conciencia hacia los derechos sociales. Pero es otra explicación plausible que nos puede hacer entender que muchas personas dejaran de lado las convenciones sociales y decidieran recordar el "lado oscuro" de Chacón a través de las redes.

Así pues, podemos concluir que la figura de Chacón genera sentimientos encontrados, y en ocasiones éstos van más allá de la simple y sana discrepancia política y van más orientados hacia los juicios de valor, pero ésto seguramente está motivado por sus circunstancias personales: se supone que una mujer catalana socialista no debería haber realizado una gestión como la que Chacón hizo. Pero igualmente, sigo creyendo, y no voy a dejar de creerlo, que los valores son importantes, y no deberíamos obviarlos ante nadie, ni siquiera ante figuras políticas que veamos como nuestros absolutos antagonistas.

ECG.

jueves, 5 de enero de 2017

Un hombre feminista es un hombre libre


Existe una creencia muy extendida de que los hombres feministas necesariamente son poco masculinos. No deja de ser una visión arcaica de la masculinidad, en la que un varón fuerte y machista es un hombre independiente, y por lo tanto, un hombre feminista sería un hombre débil y de poco carácter. La realidad es exactamente la contraria.

Dejando de lado estereotipos heredados de la literatura y del cine, lo cierto es que un hombre machista es de todo menos independiente. En realidad, un hombre machista es un hombre muy dependiente, es un hombre que necesita a una mujer para vivir, y que el miedo a perderla es precisamente lo que le lleva a ejercer una posición de dominio y de superioridad, que en el peor de los casos puede llevar a la violencia machista. Es un hombre que en la mayoría de casos ha crecido en un ambiente machista, en el que su madre era la encargada de cuidar de él y de atender todos sus caprichos, y fue educado en que esa es la normalidad, que los hombres no hacen según qué tareas y debe haber una mujer que las ejerza. El hombre machista, entonces, está acostumbrado a que haya siempre alguien a su disposición para servirle, siendo primero su madre y luego su pareja. Esto lo lleva necesariamente a ser una persona dependiente.

Así pues, un hombre machista no sabe vivir solo. Ha crecido teniendo a alguien siempre a su entera disposición, y por eso necesita encontrar a otra persona dependiente que satisfaga su necesidad de tener a alguien a su lado que atienda sus necesidades, a estas alturas ya seguramente afectivas.

A menudo se ha señalado que los hombres maltratadores son inmaduros emocionales. Yo iría más allá. Los machistas, sean maltratadores o no, son seres dependientes, prisioneros de la necesidad de tener a alguien que les complemente, que les atienda, que esté siempre allí cuando sea necesario. Es por ello que un hombre realmente libre es un hombre feminista.

Un hombre feminista es el que no necesita a una mujer que le sirva, porque sabe que una mujer es una persona independiente exactamente igual que él. Así pues, la pareja de un hombre feminista será una compañera de viaje, la suya será una relación sana entre dos personas completas. Porque esa tontería cuñadesca del "igualismo" no existe, la igualdad es el feminismo. O como decía Angela Davis, "el feminismo es la idea radical de que las mujeres son personas". Y ciertamente, esa es la idea: que las mujeres son personas completas, no complementos de otro ser. 

Por eso, ningún hombre debe tener miedo ni reparos en afirmar que es feminista, y el primer paso para llegar a serlo de verdad es decirlo con orgullo. Porque un machista no es un hombre fuerte ni libre, es más bien como un niño pequeño mimado, es un ser inmaduro e incompleto.

Pero de la misma manera, tampoco ningún hombre debe dar por sentado que por ser progresista está curado del machismo, o es inmune a él. La mayoría de hombres hemos sido educados en el machismo sin saberlo, asumimos actitudes y esquemas machistas como la normalidad, y deshacernos de todos esos cánones es una liberación tanto para las mujeres como para nosotros. Porque el feminismo hace libres a las mujeres, pero también nos libera a los hombres. El feminismo nos hace libres.

ECG.

domingo, 7 de agosto de 2016

Ahora toca República


Ya pasó el 15-M, en el que debatimos en las plazas, y nos dijeron que las abandonásemos y luchásemos en las urnas. Ya pasaron las europeas, en las que el proyecto de un grupo de jóvenes politólogos de la complutense rompió todos los esquemas e hizo temblar los cimientos del sistema político de la transición. Ya pasó el largo año 2014, en el que tuvimos la ardua tarea de construir una nueva manera de hacer política, luchando por lograr acuerdos y confluencias en clave ganadora (con éxito desigual). Ya pasó el 2015, con sus tres elecciones seguidas, en las que primero asaltamos los ayuntamientos (de nuevo, con éxito desigual), luego Cataluña hizo oídos sordos a las brutas amenazas de la España profunda, y finalmente el bipartidismo se hundió en sus propios lodos, descendiendo sensiblemente la media de edad de los diputados del Parlamento. Ya pasó la repetición de las elecciones el 26J, en las que nos llevamos el primer gran chasco, y nos dimos cuenta de que no todo era tan fácil como parecía, y que la titánica tarea de unir lo que nunca ha estado unido (la izquierda) no podía hacerse en solo dos años, y mucho menos en unos meses.

Del esprint inicial ahora hay que pasar a velocidad de crucero. El régimen de la transición sigue vivo. La segunda restauración española agoniza, pero aún vive. En Cataluña lo que parecía un desafío directo ha resultado ser un "procés" sin fin, en el que todavía queda mucho debate y consenso por lograr, pero ya nada podrá impedir que el pueblo catalán decida su futuro (siempre y cuando antes eche a los convergentes, ahora PDC, del gobierno de la Generalitat). En la España profunda la gente sigue votando al PP, porque aun no confía en el cambio y sigue creyendo que tiene algo que perder, que puede permitirse el lujo de ser conservadora y escoger malo conocido. Aunque la sospecha del fraude electoral vuelve a sobrevolar la piel de toro y está en las cabezas de muchos (y no solo de los más conspiranoicos, y es normal teniendo en cuenta los precedentes históricos que tiene España de sonadas tupinadas), la realidad es que con fraude o sin él todavía queda mucho terreno que ganar.

Podemos empezó no queriendo ser un partido, sino más bien un movimiento social. Creció a velocidad exponencial sin saber exactamente lo que era (pero teniendo muy claro lo que no era), con un acoso terrible de todos los medios de comunicación al servicio de los partidos que veían peligrar el chiringuito en el que tan bien vivían. Acabó consolidándose una estructura de partido con hiperliderazgos sobrexplotados que han acabado quemándose demasiado pronto y con mil piezas de puzzle difíciles de encajar en un partido que pretendía ocupar el centro del tablero político, pese a ser claramente percibido tanto por los propios como los de fuera como de izquierda. Ahora, tras la confluencia con IU-UP, ya es claramente de izquierdas. Falta por ver si el matrimonio seguirá adelante, cosa que sería lo deseable, pero la cuestión es que ahora es el momento de abordar debates que fueron postergados una y otra vez debido a la velocidad de los tempos de estos últimos años convulsos.

Señores de Podemos, el partido y su masa social ya están consolidados, son inequívocamente de izquierdas y está muy claro que basan su proyecto en la regeneración democrática y en un gobierno alternativo al discurso austericida que ahora mismo es hegemónico, apostando por un Estado claramente social. Se han cometido muchos errores, sobretodo de discurso por exceso de tacticismo, pero es natural haber abusado de éste debido a lo precipitado de los tempos. Es el momento de enterrar el tacticismo, es la hora de abordar debates más serios y de ser muy claros con el proyecto. Porque el millón y medio de votantes que se ha perdido por el camino, independientemente de si ha sido a causa de la desafección o de una gran tupinada, no se recuperarán con más tacticismo y política de manual de instrucciones. Se recuperarán, y se multiplicarán, con un proyecto sólido que incluya principios muy claros. Y dicho proyecto debe incluir la República.

Sí, señores, ahora toca República. Porque no es normal que en Cataluña hasta la derecha liberal austericida se declare como republicana sin complejos. No es normal que los únicos que se declaren abiertamente republicanos y lo digan con la boca muy grande sean los independentistas. Toda la izquierda verdaderamente transformadora de este país debe diferenciarse de los protectores del régimen postfranquista de forma muy clara, debe demostrar que no es un mero "quítate tú para que me ponga yo". No hay que temerle a la República.

Y de hecho, no tendrán que hacer mucho para convencer a sus simpatizantes. Solo miren sus manifestaciones y sus actos políticos: están poblados de tricolores. El republicanismo late en los corazones de la izquierda desde hace generaciones, y la sesuda tricolor es una alternativa atractiva para los jóvenes titulados universitarios que forman el "precariado" y que no se sienten especialmente representados por la garrula rojigualda ni por el toro de Osborne (entre otras cosas porque suelen ser antitaurinos). La República es la forma más justa de gobierno, y el viejo cuento esgrimido por los monárquicos de que la monarquía garantiza la neutralidad de la jefatura del Estado ha demostrado ser una falacia, viéndose posicionamientos políticos muy claros por parte del rey, tanto el de ahora como el de antes.

La República no es la vieja batallita del abuelo que combatió en el Ebro. La República es el futuro, la República es democracia, la República es la garantía de que el cambio no solo sea, sino que lo parezca. Porque precisamente uno de los problemas a los que nos enfrentamos en la sociedad actual es el de la inmediatez y la ultrasimplificación de los mensajes, que hace que con los medios adecuados al servicio de unos pocos pueda hacerse creer a todo el mundo que no está teniendo lugar cambio alguno cuando sí que está teniendo lugar. No sirve de nada hacer las cosas de manera diferente si nadie sabe que eso está ocurriendo. La revolución no debe ser solo de las formas, sino también de las apariencias, y ya se ha dado en la estética de los nuevos diputados, más similar a la de las personas normales que uno se cruza cada día en la calle. Enterremos la rojigualda. Enterremos la monarquía borbónica. Dejemos de tener miedo de no gustarle a todo el mundo, porque eso nunca va a pasar, y tiene el efecto contrario: querer contentar a todo el mundo hace que al final se acabe no contentando a nadie.

La República debe volver. Que los cinco millones de personas que votaron por el cambio pidan claramente la República. Porque ahora hay tiempo de convencer a los reticentes de que la República no muerde, que no se va a tirar a los curas desde lo alto del campanario ni va a instalarse una guillotina en la Puerta del Sol. Ahora hay tiempo de dejar claro que la monarquía es anacrónica, que es una lacra del pasado que hay que dejar atrás entre otras muchas cosas, y que la ilusión del cambio puede recuperarse por medio de la ilusión por la República.

Señoras y señores de Unidos Podemos, ahora toca República.

ECG.

martes, 24 de marzo de 2015

La "catalanización" de Andalucía


Hace dos años, en una época en que escribía bastantes artículos (y la mayoría espantosamente malos), se me ocurrió lanzar la atrevida idea de que España se "catalanizara" en vez de que Cataluña se "españolizase" como proponía el ministro Wert. Y en las últimas elecciones andaluzas, he podido ver que, efectivamente, Andalucía ha seguido el ejemplo de Cataluña, pero desgraciadamente sólo en lo malo.

Andalucía podía haber imitado a Cataluña en muchas cosas. Podría haber empezado a defender de verdad su historia y su cultura, riquísima y preciosa, y promocionarla más allá del folklorismo. Podría haber recuperado su autoestima como pueblo y reivindicar lo que es suyo, y pedir dejar de ser pisoteada por el gobierno español. Podría haber implantado movimientos asociativos y vecinales realmente efectivos y luchar por la participación ciudadana. Podría haber hecho muchísimas cosas, y todas ellas le hubiesen significado un gran bien. Pero no. Ha imitado a Cataluña, pero por desgracia, en lo malo.

El PSOE en Andalucía y CiU en Cataluña se han convertido en los partidos "propios" de las autonomías. En los caciques, amos y señores de los reinos de taifas autonómicos que algunos grotescamente pretenden vender como federalismo moderado. Se nutren de un voto identitario, de una gran masa de gente que confunde votar a un determinado partido con votar lo que es propio, con votar "a los de aquí". Y sus votantes son fieles fanáticos de su marca desde hace muchos años, están al día de la completa actualidad de todo lo que hacen y lo ven como grandes aciertos y avances, y detestan todo lo que hagan sus adversarios políticos y su principal preocupación política es exagerar la importancia de los fallos de los contrarios hasta darles proporciones caricaturescas, minimizando o relativizando todos los errores que pueda cometer el partido propio. Y lo peor de todo: no les afectan lo más mínimo las noticias sobre corrupción de su partido. Y aunque tengan las pruebas delante y estas sean innegables, ellos las niegan. Porque su partido es como su equipo de fútbol: están con ellos ganen o pierdan, lo hagan bien o lo hagan mal.

Y por si su gran masa de votantes "zombis" no fuera suficiente, encima ambos partidos en sus correspondientes "dominios" tienen una enorme red clientelar, en Andalucía por medio de los subsidios, en Cataluña por medio de los negocios. Una telaraña que crea espirales de dependencia muy difíciles de romper, y cuyos beneficiarios temen perder si su partido no gobierna. Entre el fanatismo y el miedo al cambio se mantienen en el poder, hegemónicos, y controlando gran parte de los medios de comunicación autóctonos.

¿Cuál será el siguiente paso? ¿El PSOE de Andalucía decidirá empezar a echarle las culpas de todo al gobierno de Madrid, a acusar al PP de todos sus problemas, como hace CiU? Ah, no, esperen... Que ya lo hace. Entonces... ¿El PSOE de Andalucía decidirá traer caras nuevas y refundarse para intentar vender la imagen de que han cambiado, como hizo CiU en el 2010? Ah, no, esperen... ¡Que también lo han hecho! Entonces, ¿culparán a los catalanes de todos sus problemas, igual que gran parte de los votantes convergentes ven en Andalucía la fuente de todos los males? Un momento... ¡También lo hacen!

Andalucía y Cataluña, esencialmente distintas, pero similares en lo negativo. Y por si fuera poco, ahora tienen en su parlamento a un partido genuinamente catalán, pese a negar todo tipo de catalanidad y ejercer un nacionalismo español rancio, de la vieja escuela borbónico-franquista. En Cataluña algunos acusan a Podemos de lerrouxismo, cuando el partido sucesor de las ideas de Lerroux lleva desde el 2006 en la Generalitat. Y ahora han llegado al parlamento de Andalucía, y según los medios de comunicación españoles, su llegada ha sido un gran éxito. 

Y es muy curioso que los medios consideren que un partido que ha conseguido 15 diputados con sólo un año de existencia ha fracasado estrepitosamente, y que, en cambio, un partido con nueve años de existencia y que ha logrado 9 escaños ha cosechado un gran éxito. Seguramente se deba a que al final han tenido que reconocer que la ciudadanía pide un cambio, y que puestos a que éste ocurra, mejor arrimarse a la alternativa que suponga el menor cambio posible, o al menos que proponga cambios que no supongan un proyecto de ruptura.

Sea como fuere, en Andalucía todo sigue casi igual. Casi, porque el PP se halla en caída libre tras haber sido el partido más votado la última vez. Es una buena noticia. Eso, y la llegada de las alternativas para quedarse. Lástima que la ciudadanía de Andalucía halla escogido antes malo conocido que bueno por conocer. Pero puede que la próxima vez tanto el bueno como el malo ya sean suficientemente conocidos como para que las andaluzas y los andaluces decidan apostar por un cambio de verdad. Andaluces, levantaos.

ECG.